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Cómo localizar las querencias del venado antes de la berrea

Venado en plena berrea.

Venado en plena berrea. © Shutterstock

La berrea no comienza de un día para otro ni transforma de manera repentina el comportamiento de los ciervos. Durante las últimas semanas del verano se producen pequeños cambios que permiten anticipar lo que ocurrirá cuando bajen las temperaturas y las primeras lluvias refresquen el campo. Los grandes machos, que durante buena parte del año han permanecido agrupados en pequeños grupos o alejados de las hembras, comienzan a modificar paulatinamente sus desplazamientos y a aproximarse a las zonas en las que más tarde tratarán de reunir sus harenes. Este periodo previo resulta especialmente interesante para guardas, gestores y aficionados, ya que los venados todavía mantienen rutinas relativamente constantes y pueden ser observados con menos dificultad que durante los días más intensos del celo. Conocer sus querencias en este momento no consiste únicamente en localizar un ejemplar concreto, sino en comprender qué recursos busca, qué caminos utiliza y qué lugares considera suficientemente tranquilos para permanecer en ellos durante varias horas.

Las altas temperaturas siguen condicionando buena parte de sus movimientos. Los venados reducen al mínimo la actividad durante las horas centrales del día y concentran sus desplazamientos al amanecer, al anochecer y durante la noche. Por este motivo, muchas fincas parecen vacías cuando se recorren a plena luz, aunque las huellas, los excrementos y las marcas sobre la vegetación revelen una actividad constante. Para localizar sus querencias es necesario estudiar el terreno con paciencia y evitar confiar únicamente en los avistamientos directos. Una ladera fresca, una umbría cerrada o un pequeño valle con agua pueden albergar varios ejemplares sin que estos lleguen a mostrarse durante el día. El verdadero trabajo comienza interpretando las señales que dejan cuando se mueven entre sus zonas de alimentación, descanso y refugio.

Agua, tranquilidad y alimento: las tres claves de una buena querencia

Durante el final del verano, el agua continúa siendo uno de los principales factores que determinan la presencia de los venados. Charcas, arroyos permanentes, manantiales, fuentes y pequeños abrevaderos naturales pueden concentrar una actividad notable, especialmente en aquellos lugares donde el acceso al agua es limitado. Sin embargo, no basta con observar el propio punto de bebida. En muchas ocasiones, los mejores indicios se encuentran en las veredas de acceso, en los pasos entre la vegetación o en las pequeñas zonas abiertas que los animales atraviesan antes de llegar. Los grandes machos suelen aproximarse con cautela, aprovechando la protección del monte y evitando permanecer demasiado tiempo expuestos. Una cámara de fototrampeo colocada en uno de estos corredores puede aportar más información que otra orientada directamente hacia la charca.

Ciervo en berrea. © Shutterstock

La tranquilidad es igualmente importante. Los venados pueden abandonar una zona aparentemente perfecta si detectan presencia humana frecuente, ganado, vehículos o cualquier otra molestia continuada. Las querencias más estables suelen aparecer en áreas poco transitadas, con buena cobertura vegetal y varias vías de escape. Las umbrías, los barrancos cerrados, las manchas de monte denso y los rincones alejados de los caminos principales ofrecen refugio durante las horas de calor y permiten a los animales descansar con seguridad. A ello se suma la disponibilidad de alimento. Pastizales, siembras, cultivos próximos, claros con vegetación tierna y zonas donde todavía queda humedad pueden convertirse en puntos habituales de alimentación. Cuando agua, comida y refugio se encuentran relativamente cerca, aumentan mucho las posibilidades de que los venados permanezcan en la misma zona durante varias semanas.

Las veredas dicen mucho más que una observación aislada

Una de las mejores formas de localizar las querencias de los venados consiste en seguir las veredas que conectan las diferentes partes de la finca. Los animales suelen utilizar itinerarios bastante definidos, especialmente cuando deben desplazarse entre zonas de encame, alimento y agua. Estos pasos aparecen marcados por la vegetación vencida, el suelo compactado, la presencia de huellas y pequeños restos de pelo en ramas o alambradas. No todas las veredas tienen la misma importancia. Algunas son utilizadas por diferentes especies y muestran un tránsito muy general, mientras que otras presentan señales claras de uso frecuente por parte de los ciervos. El tamaño de las pisadas, la profundidad de las huellas y la dirección en la que aparecen ayudan a determinar si se trata de un paso ocasional o de una ruta habitual.

Los cruces de veredas, los collados, los pasos estrechos entre dos manchas y las entradas naturales a los barrancos son puntos especialmente interesantes. La orografía obliga a los animales a concentrar sus desplazamientos en estos lugares, lo que facilita su control. También conviene prestar atención a los cerramientos, arroyos encajonados o taludes que limitan el movimiento y canalizan el tránsito por determinados puntos. Observar una sola vez a un buen venado no significa necesariamente haber localizado su querencia. En cambio, encontrar huellas recientes durante varios días, excrementos de distinta antigüedad y marcas continuadas sobre la vegetación indica que el animal utiliza la zona de manera regular. Esa repetición es la que permite diferenciar un simple lugar de paso de un área verdaderamente querenciosa.

Escodaderos, huellas y excrementos: las señales que conviene interpretar

A finales del verano comienzan a ser más frecuentes los escodaderos, lugares donde los venados golpean y frotan sus cuernas contra arbustos y árboles jóvenes. Estas señales pueden aparecer tras el descorreo y permiten confirmar la presencia de machos en una determinada zona. Las ramas quebradas, la corteza arrancada y los troncos marcados ofrecen pistas sobre la intensidad de uso, aunque no siempre permiten conocer con exactitud el tamaño del ejemplar. Un escodadero grande no implica necesariamente que haya sido realizado por el mejor venado de la finca, pero la presencia de varios puntos activos en un mismo entorno sí indica que los machos frecuentan la zona y se sienten cómodos en ella.

Un ciervo. © Shutterstock

Las huellas también deben analizarse con prudencia. El tamaño puede ayudar a estimar la corpulencia del animal, pero el tipo de suelo, la humedad y la velocidad de desplazamiento pueden alterar su aspecto. Una pisada profunda y abierta puede corresponder a un venado pesado, aunque también puede haberse producido sobre barro blando. Lo más útil es comparar diferentes rastros en el mismo terreno y estudiar la longitud del paso, la anchura de la huella y la continuidad de la marca. Los excrementos aportan igualmente información valiosa. Su abundancia, frescura y distribución permiten saber si los animales permanecen tiempo en una zona o simplemente la atraviesan. Cuando aparecen concentrados cerca de zonas de descanso, junto a huellas repetidas y vegetación aplastada, es probable que exista un encame habitual en las proximidades.

Las cámaras de fototrampeo permiten confirmar lo que el monte ya anuncia

El fototrampeo es una herramienta especialmente útil durante las semanas anteriores a la berrea porque permite comprobar qué ejemplares utilizan una zona sin necesidad de entrar constantemente en ella. Una cámara instalada en una vereda, un paso hacia el agua o la entrada a una mancha puede revelar la presencia de machos que apenas se dejan ver durante el día. También permite conocer sus horarios, la dirección de sus desplazamientos y la frecuencia con la que regresan. Para obtener información útil, resulta preferible controlar accesos y pasos naturales antes que enfocar directamente grandes espacios abiertos, donde los animales pueden circular fuera del alcance del sensor.

Las cámaras deben permanecer instaladas durante varios días o semanas para distinguir entre ejemplares residentes y venados de paso. Un macho fotografiado una sola noche puede haber cruzado la finca durante un desplazamiento ocasional, mientras que otro que aparece repetidamente a las mismas horas está mostrando una querencia mucho más estable. También resulta interesante comparar varias cámaras repartidas en diferentes puntos. La repetición de un mismo ejemplar en lugares distintos permite reconstruir parcialmente sus movimientos y saber qué zonas conecta. A medida que se acerca la berrea, estos recorridos pueden cambiar, por lo que la información debe actualizarse y no darse por definitiva. El monte está vivo y los animales adaptan sus movimientos a la disponibilidad de agua, alimento, molestias y presencia de otros venados.

Un ciervo. © Shutterstock.

El viento y la orografía condicionan sus movimientos

Los venados utilizan el viento como una herramienta de seguridad. Antes de salir a un claro o aproximarse a una zona de agua suelen detenerse y tratar de detectar cualquier peligro. Por ello, sus recorridos no siempre siguen la ruta más corta. En ocasiones prefieren bordear una ladera, entrar por una vaguada o desplazarse a media altura para aprovechar mejor las corrientes de aire. Comprender este comportamiento ayuda a interpretar por qué determinadas veredas presentan mucha más actividad que otras aparentemente más cómodas. Las zonas de cambio entre monte cerrado y terreno abierto suelen ofrecer buenos resultados porque permiten a los animales observar, escuchar y olfatear antes de exponerse.

La orografía también determina dónde descansan y por dónde se desplazan. Las laderas orientadas al norte conservan mejor la humedad y ofrecen temperaturas más frescas durante el verano, mientras que las solanas pueden utilizarse a primeras horas o cuando cambian las condiciones meteorológicas. Los barrancos, las vaguadas y los fondos de valle funcionan como corredores naturales, pero también como refugios cuando disponen de vegetación suficiente. En las fincas con grandes desniveles, los venados pueden cambiar de cota a lo largo del día, descendiendo para alimentarse o beber y regresando después a zonas más protegidas. Estas variaciones deben tenerse en cuenta al elegir los puntos de observación o las ubicaciones para las cámaras.

La proximidad de la berrea cambia las reglas

A medida que se aproxima el celo, los machos comienzan a mostrar una mayor inquietud y sus desplazamientos se vuelven menos previsibles. Algunos abandonan las zonas donde han permanecido durante el verano y se dirigen hacia áreas ocupadas por grupos de hembras, mientras que otros llegan desde fincas cercanas. Las querencias localizadas en agosto no siempre coinciden exactamente con las que utilizarán durante la berrea, pero ofrecen una base muy valiosa para comprender qué animales hay en el entorno y por dónde pueden desplazarse. Las zonas donde se concentran las ciervas adquieren una importancia creciente, ya que los machos terminarán acercándose a ellas conforme aumente la actividad reproductiva.

Por este motivo, no conviene centrar todo el trabajo únicamente en los grandes machos. Localizar grupos de hembras, conocer sus zonas de alimentación y observar sus movimientos resulta fundamental para anticipar dónde se producirá la berrea. Los mejores sementales pueden recorrer distancias considerables para reunirse con ellas, por lo que una zona con poca presencia de machos durante el verano puede convertirse semanas después en uno de los principales escenarios del celo. La información recopilada debe interpretarse como una secuencia y no como una fotografía fija. Observar cómo cambian los movimientos desde mediados de agosto hasta finales de septiembre permite comprender mucho mejor la evolución de la finca.

Una pareja de ciervos. ©shutterstock

Observar sin molestar es la mejor estrategia

La localización de querencias exige discreción. Entrar repetidamente en una zona, revisar cámaras con demasiada frecuencia o recorrer los encames puede provocar que los venados modifiquen sus hábitos y abandonen temporalmente el lugar. Es preferible realizar observaciones desde puntos elevados, utilizar prismáticos o telescopios y aprovechar caminos ya existentes para reducir la presión. Las visitas a las cámaras deben espaciarse y, siempre que sea posible, coincidir con otras tareas habituales de la finca. También conviene evitar dejar olor en los pasos más utilizados o permanecer durante demasiado tiempo cerca de los puntos de agua.

El objetivo no debe ser acercarse cuanto antes al animal, sino obtener una imagen general de su comportamiento. Con paciencia, los rastros y las cámaras acabarán revelando qué lugares utiliza, a qué horas se mueve y qué rutas prefiere. Este conocimiento resulta mucho más valioso que un encuentro fortuito, porque permite anticipar sus movimientos y comprender la relación que mantiene con el terreno. Los grandes venados suelen elegir sus querencias por una combinación de seguridad, alimento, agua y tranquilidad, y cuando encuentran un lugar que reúne esas condiciones pueden repetir sus recorridos durante semanas.

Conocer las querencias es empezar a entender la berrea antes de escucharla

Localizar las querencias del venado antes de la berrea requiere observar el monte con calma, interpretar señales y acumular información durante varios días. No existe un único indicio definitivo, sino una suma de huellas, escodaderos, excrementos, veredas, imágenes y avistamientos que permiten reconstruir los movimientos de los animales. Las zonas de agua, las umbrías, los bordes de las manchas y los corredores naturales son buenos lugares para comenzar, pero cada finca tiene sus propias características y exige una lectura diferente.

El final del verano ofrece una oportunidad excepcional para realizar este trabajo. Los venados todavía mantienen cierta estabilidad, las señales sobre el terreno son visibles y queda tiempo para seguir la evolución de los ejemplares antes de que comience el celo. Cuando lleguen las primeras noches frescas y los bramidos empiecen a escucharse en los valles, quienes hayan estudiado previamente el terreno tendrán una ventaja importante. Sabrán dónde se encontraban los machos, qué pasos utilizaban y en qué zonas se concentran las hembras. Porque la berrea comienza mucho antes del primer bramido: empieza cuando alguien aprende a reconocer las pistas que los venados llevan semanas dejando sobre el monte.

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