Aunque las monterías no arrancan hasta bien entrado el otoño, gran parte de su éxito comienza a construirse durante los meses de verano. Es ahora cuando guardas, propietarios y organizadores tienen la oportunidad de estudiar con calma el comportamiento de la fauna y recopilar información que, semanas más tarde, resultará fundamental para decidir dónde cerrar las armadas, qué manchas ofrecerán mejores resultados o cuáles son los pasos más utilizados por la caza. El fototrampeo se ha convertido en una herramienta imprescindible para realizar ese trabajo de campo sin interferir apenas en la actividad de los animales, permitiendo observar sus movimientos las veinticuatro horas del día y durante semanas consecutivas. En esta época del año, además, los animales mantienen unas rutinas bastante estables. Las fuentes de agua condicionan buena parte de sus desplazamientos, los grandes machos todavía no han modificado sus comportamientos por la llegada de la berrea o el celo y la presión humana es muy inferior a la que soportarán durante la temporada cinegética. Todo ello hace que las imágenes obtenidas durante agosto y septiembre ofrezcan una fotografía muy fiel de la población presente en la finca y permitan detectar ejemplares que quizá después sean mucho más difíciles de localizar.
Antes de instalar una cámara hay que aprender a leer el monte
Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que basta con sujetar una cámara a cualquier árbol para empezar a obtener información útil. La realidad es muy distinta. El éxito del fototrampeo depende mucho más del conocimiento del terreno que de las prestaciones del equipo utilizado. Un guarda experimentado es capaz de identificar una vereda utilizada de forma habitual, reconocer un paso obligado entre dos manchas o descubrir un revolcadero activo simplemente interpretando las huellas, los rastros y las señales que dejan los animales. Las cámaras únicamente registran aquello que pasa por delante de ellas, por lo que si el emplazamiento no es el adecuado difícilmente aportarán datos relevantes. Conviene recorrer la finca a pie, localizar senderos marcados por el uso continuado, identificar zonas de alimentación, comprobar dónde aparecen las huellas más recientes y buscar aquellos puntos donde la orografía obliga a concentrar el tránsito de los animales. Los collados estrechos, las entradas a barrancos, los pasos entre cercados o los pequeños claros que conectan dos manchas suelen ofrecer resultados mucho más interesantes que los grandes espacios abiertos, donde la fauna puede desplazarse por multitud de itinerarios diferentes.
Los mejores lugares para controlar jabalíes durante el verano
Si el objetivo principal es conocer la población de jabalíes presente en una finca, existen varios emplazamientos que destacan claramente sobre el resto. El agua sigue siendo el principal punto de atracción durante los meses más calurosos del año, por lo que charcas, arroyos permanentes, pequeñas balsas o abrevaderos naturales concentran buena parte de la actividad nocturna. Sin embargo, colocar la cámara apuntando directamente al agua no siempre es la mejor opción. Resulta mucho más eficaz situarla enfocando el sendero por el que acceden los animales, ya que de este modo se obtienen imágenes más limpias y se evitan reflejos o contraluces. Los baños de barro constituyen otro escenario extraordinario para el fototrampeo. Los jabalíes acuden regularmente a revolcarse para refrescarse y eliminar parásitos, repitiendo estos comportamientos durante semanas si las condiciones no cambian. También ofrecen excelentes resultados las veredas que comunican las zonas de encame con los lugares de alimentación, especialmente aquellas que muestran un suelo muy pisado y vegetación abierta por el paso continuado de las piaras. En muchas ocasiones, una cámara instalada en un simple cruce de caminos puede registrar más actividad que otra situada en una gran charca, ya que concentra el tránsito de animales procedentes de distintos puntos de la finca.
Dónde colocar las cámaras para localizar grandes venados
El comportamiento del venado presenta diferencias importantes respecto al del jabalí y conviene tenerlas en cuenta para elegir correctamente los emplazamientos. Durante el verano, los grandes machos suelen buscar zonas tranquilas donde disponen de alimento, sombra y agua relativamente cerca, reduciendo sus desplazamientos durante las horas centrales del día para evitar el calor. Por ello, las mejores localizaciones suelen encontrarse en los bordes de los claros, en las entradas a las manchas de monte, en caminos forestales poco transitados y en los corredores naturales que conectan áreas de pasto con zonas de refugio. A medida que se aproxima la berrea, muchos ejemplares comienzan además a modificar ligeramente sus recorridos, por lo que mantener las cámaras instaladas durante varias semanas permite comprobar qué animales permanecen estables dentro de la finca y cuáles aparecen únicamente de forma ocasional. Esta información resulta especialmente valiosa para evaluar el potencial cinegético de una mancha y conocer la evolución de determinados venados de interés antes del inicio de la temporada.
Una buena colocación evita miles de fotografías inútiles
Una cámara mal orientada puede llenar una tarjeta de memoria en apenas unas horas sin haber fotografiado un solo animal. La altura, el ángulo, la distancia y la orientación son aspectos mucho más importantes de lo que muchos aficionados imaginan. Lo habitual es instalar la cámara entre los 80 y los 120 centímetros del suelo, dependiendo de la especie que se pretenda controlar, procurando que el objetivo quede aproximadamente a la misma altura que el cuerpo del animal cuando atraviese el paso elegido. También es recomendable orientar el equipo hacia el norte o el sur para evitar que los primeros rayos del amanecer o la luz del atardecer provoquen falsas detecciones debido a los cambios bruscos de temperatura. Antes de abandonar el lugar conviene revisar cuidadosamente que ninguna rama, helecho o mata pueda moverse con el viento delante del sensor, ya que ese pequeño detalle suele ser el responsable de cientos de disparos vacíos. Del mismo modo, mantener una distancia de entre cuatro y ocho metros respecto al paso ofrece normalmente el mejor equilibrio entre amplitud de imagen, nitidez y capacidad de detección.
El mayor enemigo del fototrampeo suele ser el propio cazador
Una vez instalada la cámara, la tentación de acudir continuamente a revisar las imágenes es enorme. Sin embargo, hacerlo con demasiada frecuencia suele perjudicar mucho más de lo que ayuda. Cada visita deja olor humano, genera molestias y altera la tranquilidad de una zona que precisamente se pretende estudiar en condiciones naturales. Lo más recomendable es espaciar las revisiones todo lo posible, aprovechando otras labores de gestión de la finca para minimizar las entradas. Las modernas cámaras con transmisión mediante red móvil han reducido considerablemente este problema, ya que permiten consultar las imágenes prácticamente en tiempo real sin necesidad de desplazarse hasta el monte. También conviene configurar correctamente el equipo desde el primer momento, ajustando una sensibilidad adecuada para evitar falsas detecciones y combinando ráfagas cortas de fotografías con pequeños vídeos que permitan analizar mejor el comportamiento de los animales. Una buena gestión de la batería y de la tarjeta de memoria evitará sorpresas cuando llegue el momento de revisar el material recopilado.
El verdadero valor del fototrampeo está en la información que aporta
Las mejores fotografías de un gran macareno o de un impresionante venado siempre despiertan admiración, pero el auténtico potencial del fototrampeo va mucho más allá de conseguir imágenes espectaculares. Utilizado correctamente, permite construir durante semanas un mapa muy preciso de los movimientos de la fauna, identificar las querencias de cada especie, conocer los horarios de mayor actividad y comprobar qué ejemplares permanecen realmente dentro de la finca. Toda esa información facilita enormemente la planificación de las monterías, ayuda a decidir la colocación de armadas y puestos y permite gestionar los recursos cinegéticos con un conocimiento mucho más profundo del terreno. En definitiva, instalar las cámaras durante el verano no es únicamente una forma de entretener la espera hasta que llegue la temporada, sino una inversión en información que puede marcar la diferencia entre una montería organizada sobre intuiciones y otra preparada con datos reales obtenidos directamente del monte.

