La caza nocturna del jabalí (Sus scrofa) durante el celo es una de las experiencias más intensas que puede vivir un cazador. No solo por la dificultad técnica que implica, sino por la responsabilidad que exige cada movimiento cuando la visibilidad es mínima y el animal se vuelve más impredecible que nunca. En este contexto arranca esta historia, rodada en las sierras albaceteñas, donde el silencio del monte solo se rompe por el viento helado y el crujir de las últimas bellotas caídas.
Miguel no llega aquí por casualidad. Aprendió a cazar jabalíes desde niño, sentado durante noches interminables junto a su padre. Aquella escuela de paciencia forjó una forma de entender la caza basada en el respeto, la observación y la calma. Hoy, muchos años después, mantiene intacta esa filosofía, aunque con una herramienta que amplía sus sentidos en la oscuridad: el monocular térmico Pixfra Sirius S635.
La espera nocturna y la importancia de decidir bien
La acción comienza con una caza al aguardo cuidadosamente planificada. El terreno habla: huellas frescas en el barro, hozaduras recientes y encinas que aún conservan algunas bellotas. Miguel analiza los vientos, los pasos naturales y los accesos, buscando un puesto que permita interceptar a los animales sin forzar la situación.
Cuando cae la noche, el campo térmico revela lo que el ojo no ve. Piedras aún templadas, árboles fríos y, de pronto, una piara que entra a la pradera. Gracias a la nitidez del sensor, Miguel detecta a una hembra adulta que se separa del grupo. La identificación es clara. No hay duda: es una jabalina. La decisión también lo es. No dispara. El respeto por la especie se impone al impulso.
Este momento, aparentemente sencillo, resume gran parte del mensaje del vídeo: la tecnología no está para disparar más, sino para disparar mejor o no disparar cuando no corresponde.
El momento crítico: un jabalí herido en el carrizal
La jornada siguiente traslada la acción a un entorno distinto. Una vega amplia, atravesada por un río y rodeada de carrizales espesos, con querencias claras de los jabalíes en celo. Al atardecer, la suerte aparece en forma de un macho adulto, nervioso, corpulento, con los signos inequívocos del celo.
El disparo es bueno, pero el animal huye herido hacia el carrizo. Aquí la caza entra en su fase más delicada. Un jabalí herido es uno de los animales más peligrosos del monte, especialmente con poca luz y visibilidad nula. La tensión se dispara. Avanzar sin información sería un error grave.
El visor térmico vuelve a marcar la diferencia. Entre la maraña vegetal surge una silueta caliente. El animal levanta la cabeza. Está vivo y alerta. Miguel actúa con rapidez y precisión. Un segundo disparo pone fin a la situación, evitando un posible ataque y un sufrimiento innecesario.
Tecnología, seguridad y gestión responsable
El desenlace no es solo cinegético, sino también ético. La Pixfra Sirius S635 se muestra como una herramienta clave para la seguridad del cazador, la correcta identificación de los animales y la eficacia en situaciones límite. En un contexto donde la gestión del jabalí es fundamental para reducir daños agrícolas y riesgos sanitarios, este tipo de tecnología cobra todo su sentido cuando se utiliza con criterio.
Miguel abandona la sierra de noche, consciente de que cada salida al monte es distinta. Algunas terminan con lance, otras con renuncia. Pero todas deben cerrarse con la misma idea: respeto por el animal, por el entorno y por una caza bien entendida.

