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Cazando corzos en Cuenca en plena ola de calor | HERMANOS CAZADORES | Ep. 1

Dicen que la familia no se elige. Tampoco se elige esa pasión que, cuando se lleva dentro desde pequeño, termina convirtiéndose en una forma de entender la vida. Javier, Santiago, Benjamín y Enrique son cuatro hermanos con personalidades muy diferentes, pero unidos desde siempre por la caza. Ahora que cada uno comienza a construir su propio camino, salir juntos al campo sigue siendo la excusa perfecta para reencontrarse. En este primer episodio de Hermanos cazadores, la nueva serie original de Cazaflix, los cuatro viajan hasta una finca de Cuenca con un objetivo aparentemente sencillo: encontrar un buen corzo. Pronto descubrirán que nada va a resultar fácil.

Junio les recibe con temperaturas extremas y unos animales que apenas conceden unos minutos de actividad durante las primeras y últimas horas del día. Desde antes de amanecer comienzan a recorrer siembras, encinares y zonas de monte tratando de anticiparse a los movimientos de los corzos. Los ven, saben que están allí e incluso llegan a tenerlos cerca, pero una y otra vez desaparecen antes de que puedan completar el rececho. Cada intento sirve, sin embargo, para conocer mejor el terreno y descubrir cómo funciona este particular equipo de cuatro hermanos, donde cada uno aporta algo diferente: observación, estrategia, espontaneidad, imágenes o la responsabilidad final de ejecutar el lance.

CUANDO EL CAMPO MANDA

La primera jornada se convierte en una auténtica prueba de paciencia. El calor aprieta, los kilómetros se acumulan y cualquier pequeño error puede echar por tierra horas de trabajo. Un corzo que ladra al descubrirlos, un cambio inesperado del viento o unos segundos de indecisión bastan para devolverlos al punto de partida. Entre intento e intento aparecen también las bromas y los inevitables reproches entre hermanos, esos que solo pueden permitirse quienes llevan toda una vida compartiendo jornadas de caza.

Pero el campo también les reserva momentos que nada tienen que ver con apretar un gatillo. Durante el rececho encuentran rastros de jabalíes, recuperan fuerzas junto a un viejo manantial construido por su abuelo y, cuando la luz comienza a desaparecer, son testigos de una escena difícil de olvidar: una corza que habían observado horas antes aparece acompañada por un corcino recién nacido. El objetivo cinegético tendrá que esperar, pero la jornada termina regalándoles una imagen que recuerda por qué una salida de caza puede ser memorable incluso cuando se vuelve a casa sin haber disparado.

EL CORZO QUE SE HIZO ESPERAR

Antes de amanecer, los cuatro regresan al monte. El escenario es el mismo, pero ellos ya no cazan de la misma manera. Todo lo aprendido durante el día anterior empieza a tener sentido: conocen mejor los movimientos de los animales, saben dónde deben mirar y entienden qué zonas pueden ofrecerles una oportunidad. Después de varios intentos aparece finalmente, al pie de unas encinas, el corzo que llevaban buscando desde su llegada.

A partir de ahí, cada segundo cuenta. Hay que acercarse, colocarse, valorar al animal y esperar a que ofrezca el instante adecuado. Enrique es quien tiene la responsabilidad del disparo, pero detrás de ese momento están las horas de observación, los kilómetros recorridos y el trabajo de los cuatro. Cuando el viejo macho finalmente se detiene, llega el lance que llevaban dos días persiguiendo. El disparo pone fin a un rececho exigente y confirma que están ante un magnífico ejemplar, un corzo viejo y fuerte cuya dificultad hace todavía más especial el encuentro.

Y precisamente ahí está la verdadera historia de este episodio. El corzo puede haber caído tras el disparo de uno de ellos, pero el recuerdo pertenece a los cuatro. La hermandad del corzo no habla únicamente de conseguir un trofeo, sino de todo lo que ocurre hasta llegar a él: madrugones, calor, errores, conversaciones, risas, cansancio y esa satisfacción difícil de explicar cuando finalmente el esfuerzo obtiene recompensa. Porque Javier, Santiago, Benjamín y Enrique podrán tomar caminos diferentes con los años, pero mientras exista una nueva jornada esperando al otro lado del amanecer, habrá algo que seguirá reuniéndolos: antes que cazadores, son hermanos.

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