Una espera cargada de tensión en los bosques suecos, envuelta en niebla y silencio, acaba convirtiéndose en una de esas jornadas de caza que dejan huella para siempre. Lo que comienza como una batida técnica para probar un rifle termina siendo una historia de decisiones, respeto por el animal y emoción contenida. En Suecia, cada lance tiene peso propio… y cada error se paga caro.
Una batida en el corazón de Suecia
Suecia no es solo el escenario de esta historia: es parte esencial de ella. Bosques interminables, claros cubiertos de escarcha y una forma de entender la caza basada en la regulación estricta y la responsabilidad individual. Israel Hernández, editor de Jara y Sedal, regresa a un país donde la actividad cinegética se vive casi como un ritual.
La jornada gira en torno a una batida concebida para poner a prueba el nuevo Blaser R8 Professional 2.0, acompañado de la munición Blaser CDX sin plomo y el visor Infinity 1-7×28 IC. El rifle, calibrado en 8,5×55 Blaser, una munición europea de altas prestaciones, se enfrenta a condiciones reales, lejos de bancos de tiro y escenarios controlados.
Durante la cacería aparecen varias especies: gamo (Dama dama), ciervo (Cervus elaphus), corzo (Capreolus capreolus), jabalí (Sus scrofa)… pero toda la atención se centra en un solo animal. El auténtico objetivo del grupo es un muflón (Ovis orientalis musimon), del que solo se autoriza un ejemplar adulto para todos los cazadores. Una oportunidad única. Un solo disparo posible.
Esperar, renunciar y decidir
La primera batida deja movimiento, imágenes y entradas limpias de gamos, pero ningún disparo. Para quien viene de la intensidad de las monterías españolas, donde las reses cruzan a toda velocidad, esta caza resulta casi contemplativa. Aquí el tiempo se estira y la decisión pesa más que la acción.
Ese momento clave parece llegar cuando un muflón aparece por detrás del puesto. Las cuernas, perfectamente curvadas, delatan a un animal extraordinario. Sin embargo, el ángulo no es seguro. A pesar de la adrenalina, Israel decide no disparar. En la caza, la seguridad está siempre por encima del trofeo, por grande que sea. El muflón se pierde en el monte y deja tras de sí una mezcla de decepción y respeto.
El regreso del gran muflón
Minutos después, la tensión se dispara. Un grupo de gamos rompe el monte a toda velocidad y, tras ellos, aparece de nuevo el muflón, avanzando con la astucia de un viejo macho que deja que otros se expongan antes. Esta vez no hay dudas. Las manos tiemblan, el pulso se acelera y el aviso sale inmediato al grupo: el muflón está entrando.
El disparo es limpio y certero. El 8,5×55 Blaser demuestra sobre el terreno su enorme capacidad de parada. Al llegar al animal, la magnitud del lance se confirma: un muflón excepcional, con unas cuernas de alrededor de 85 centímetros, claramente medalla de oro. El comportamiento del proyectil, que llega a alojarse en el propio cuerno tras atravesar el animal, se convierte en una prueba real de la eficacia de la munición.

