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Lo que nadie ve: el trabajo de miles de cazadores para ayudar a la fauna durante los meses más duros del verano

Un guarda de coto de caza andaluz rellena un bidón de agua.

Un guarda de coto de caza andaluz rellena un bidón de agua.

Agosto encara sus últimos días, pero en buena parte del campo español el momento más difícil del verano todavía no ha terminado. Las altas temperaturas acumuladas durante semanas, la falta de precipitaciones y el progresivo agotamiento de muchos pequeños puntos naturales de agua convierten estas fechas en un periodo especialmente exigente para los animales silvestres. Y mientras todo esto sucede, existe un trabajo que se repite cada verano en miles de cotos y que rara vez trasciende fuera del mundo cinegético.

Cazadores, guardas, sociedades, titulares y gestores recorren durante estos meses sus terrenos para comprobar bebederos, rellenar depósitos, limpiar charcas, retirar sedimentos y reparar conducciones. No se trata de actuaciones destinadas únicamente a conseguir que haya perdices, conejos, ciervos o corzos cuando llegue la temporada de caza. El agua queda disponible para toda la fauna que habita esos territorios, incluidas numerosas especies que nunca podrán ser cazadas.

La magnitud de este esfuerzo puede medirse también en dinero. Según el Estudio del impacto económico, social y ambiental de la actividad cinegética en España en el año 2023, los titulares y gestores de cotos destinaron 17,88 millones de euros a la gestión de puntos de agua y los organizadores de cacerías aportaron otros 9,24 millones. En conjunto, más de 27 millones de euros dedicados a una tarea que se vuelve especialmente visible cuando aprieta el verano.

Cazadores rellenan una balsa de agua. © JyS

Miles de puntos de agua que hay que mantener durante todo el verano

Colocar un bebedero en el campo no resuelve por sí solo el problema. Durante los meses más secos es necesario regresar periódicamente, comprobar que todavía dispone de agua y asegurarse de que depósitos, conducciones y mecanismos funcionan correctamente. También hay que retirar los sedimentos acumulados y reparar las averías que puedan dejar inutilizada una instalación precisamente cuando más falta hace.

A ello se suma el transporte del agua hasta lugares que muchas veces están alejados de carreteras o núcleos urbanos. Estas tareas se realizan en numerosos casos con medios propios y deben repetirse a lo largo del verano conforme los animales consumen el agua y las temperaturas mantienen elevada la demanda.

Existe además otro aspecto fundamental: un punto de agua mal diseñado puede convertirse en una trampa. Los recipientes deben permitir que los animales de menor tamaño puedan acceder y, sobre todo, salir si caen dentro. Rampas y superficies adecuadas pueden marcar la diferencia para pequeños mamíferos, reptiles, anfibios y aves.

Ese mantenimiento continuo explica por qué la gestión del agua no puede reducirse a la imagen de un cazador llenando un depósito una vez al año. Detrás hay desplazamientos, combustible, reparaciones, materiales, tiempo y muchas horas de trabajo que no aparecen reflejadas únicamente en la cifra económica.

No solo beben perdices, conejos o ciervos

Uno de los aspectos más desconocidos fuera del mundo cinegético es que los bebederos instalados y mantenidos en los cotos no distinguen entre especies cazables y protegidas. Junto a una perdiz roja (Alectoris rufa), un conejo de monte (Oryctolagus cuniculus) o un ciervo (Cervus elaphus) pueden beber aves protegidas, pequeños mamíferos, reptiles, anfibios e incluso insectos.

Esta circunstancia cobra especial importancia en aquellos terrenos donde las fuentes naturales desaparecen durante el estío. Una pequeña charca que conserva agua o un bebedero correctamente abastecido puede convertirse entonces en un punto utilizado por numerosas especies diferentes a lo largo del día y de la noche.

Lince ibérico bebiendo en un bebedero. © Shutterstock

La distribución de esos recursos también influye en los movimientos de los animales. Disponer de una red adecuada de puntos de agua puede reducir desplazamientos y evitar que buena parte de la fauna tenga que concentrarse alrededor de las pocas fuentes naturales que continúan disponibles.

La caza menor afronta uno de sus momentos más delicados

Para especies como la perdiz roja, el conejo o la liebre, las semanas más duras del verano pueden resultar especialmente complicadas. Estos animales son capaces de obtener parte del agua que necesitan a través de la alimentación y pueden permanecer un tiempo sin beber directamente, pero una ausencia prolongada de agua puede terminar afectando a su estado físico.

El problema adquiere todavía mayor importancia para los ejemplares jóvenes. Primavera y verano coinciden con una etapa decisiva para las nuevas generaciones de muchas especies, que deben desarrollarse mientras las temperaturas aumentan y la humedad disponible en el campo va desapareciendo progresivamente.

Por eso, cuando en unas semanas comiencen las primeras jornadas de muchas modalidades cinegéticas, habrá detrás un trabajo previo que comenzó mucho antes. La gestión de un coto no empieza el día en que un cazador sale con su escopeta o su rifle, ni termina cuando concluye la temporada. Continúa precisamente durante meses como julio y agosto, cuando no hay fotografías de grandes jornadas ni trofeos que enseñar.

Más de 27 millones que se quedan en el campo

Los datos permiten poner dimensión a una labor que normalmente se realiza lejos de cualquier foco. Los 27,12 millones de euros destinados por titulares, gestores y organizadores de cacerías a la gestión de puntos de agua muestran que no se trata de iniciativas anecdóticas ni de actuaciones aisladas. Es una inversión que forma parte de la gestión cotidiana de numerosos terrenos cinegéticos españoles.

A esa cifra económica se añade algo más difícil de contabilizar: las horas empleadas en recorrer los cotos, transportar agua, comprobar instalaciones y solucionar problemas durante los meses de mayor calor. El resultado beneficia a las especies cinegéticas que los cazadores gestionan, pero también a muchos otros animales que simplemente encuentran allí el recurso que necesitan.

Ahora que agosto se acerca a su final, miles de esos bebederos y charcas continúan cumpliendo su función. Cuando un pájaro, un pequeño mamífero, una perdiz o un corzo se acerca a beber, probablemente no sepa quién llevó hasta allí el agua. Pero detrás de muchos de esos puntos hay un cazador que, mucho antes de que llegue la temporada, ya estaba trabajando por la fauna.

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