Fundación Artemisan ha publicado en la revista científica Wildlife Biology un estudio desarrollado durante tres años en un coto mediterráneo de la provincia de Badajoz. El trabajo analiza la selectividad y la eficacia de distintos métodos autorizados de control de depredadores cuando los aplica personal especializado. Según sus autores, el enfoque es útil para la caza menor y ayuda a tomar decisiones de gestión con datos reales de campo.
El proyecto se desarrolló con la colaboración de la Junta de Extremadura y de la Universidad de León, y contó con financiación de la Federación Extremeña de Caza (FEDEXCAZA) dentro de su programa de ayudas a la investigación. El estudio se centra en depredadores generalistas presentes en nuestros cotos —como el zorro o la urraca— y observa qué ocurre cuando el control se mantiene de forma sostenida en el tiempo. Además, examina el posible efecto sobre especies cinegéticas de interés como la perdiz roja y el conejo de monte.
Los datos recopilados por personal formado muestran una selectividad muy alta. En jaulas metálicas para urraca, el estudio recoge un 99,44% de selectividad tras 1.410 jornadas de trampeo, con 354 urracas capturadas y solo dos tórtolas turcas liberadas. En lazos propulsados para zorro, el modelo Collarum alcanzó un 95,24% de selectividad y 4,53 zorros por cada 1.000 noches de trampeo, mientras que Belisle Selectif logró un 83,33% y 1,63 zorros por 1.000 noches.
El estudio también compara modalidades cinegéticas. Para el zorro, la caza con perros en madriguera resultó la más eficaz; para el jabalí, la espera superó a la caza al salto. En 101 jornadas, con 737,2 horas de esfuerzo, se abatieron 47 jabalíes y 39 zorros. Más allá del número, el mensaje práctico es que la eficacia varía con la técnica y el momento, y que planificar bien el esfuerzo ahorra vueltas y mejora resultados.
Un control profesional y con permisos: así se hizo el estudio
La investigación se ejecutó por personal formado y con las autorizaciones pertinentes conforme a la normativa regional. En España, la Ley 42/2007 obliga a que los métodos de captura que autorizan las comunidades estén homologados con criterios de selectividad y bienestar animal, algo que en campo se traduce en equipos adecuados, colocación correcta, revisiones constantes y registros serios. Explicado sencillo: selectividad es que casi solo caiga quien debe caer; eficiencia es cuánto se captura por el mismo esfuerzo.
El trabajo apunta ventanas temporales de mayor rendimiento: enero a junio para zorro y urraca, y julio a diciembre para jabalí. No es una receta universal, pero ayuda a decidir cuándo apretar y cuándo levantar el pie. Elegir bien el momento reduce capturas no objetivo y concentra el esfuerzo donde de verdad rinde, algo que cualquier guarda agradece cuando toca revisar artes a diario.
La publicación puede consultarse a través de su identificador DOI en Wildlife Biology: artículo científico en Wildlife Biology. Parte del detalle metodológico y los resultados de selectividad y eficiencia están también explicados por la propia entidad de investigación en su nota técnica: síntesis de Fundación Artemisan. El estudio contó con financiación de FEDEXCAZA (programa de ayudas 2020–2023) y la colaboración de la Universidad de León.
Qué cambia para el gestor de un coto
Para titulares y guardas, el mensaje práctico es doble. Primero, los métodos homologados, usados por gente formada, reducen al mínimo las capturas no deseadas. Segundo, no todas las técnicas rinden igual en cualquier momento ni en cualquier terreno. Traducido al día a día, conviene planificar el control por objetivos, anotar esfuerzo y resultados, y ajustar el manejo con cabeza, no a golpe de ocurrencia.
La comparación de modalidades deja pistas útiles: en zorro, el trabajo con perros en madriguera empuja la eficacia; en jabalí, la espera saca ventaja a la caza al salto. Son conclusiones de un caso de estudio y, como tal, no deben extrapolarse sin matices, pero ayudan a decidir dónde poner horas y permisos cuando el tiempo y el presupuesto son finitos.
Nada de esto funciona aislado. El control selectivo debe acompañarse de gestión de hábitat y de agua, refugios para la menor y coherencia en los periodos. Así se multiplica el efecto y se evitan sorpresas. Y siempre con la normativa delante: los métodos deben estar homologados y la comunidad autónoma fija el cómo, el cuándo y quién puede usarlos. El marco general está en la Ley 42/2007; los detalles los concreta cada región.

